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Tuesday, December 12, 2017

feminismo en los EEUU

2017 Diciembre: política interna en los EEUU (Roy Moore)

Cuando uno vive en un país y hay temas de los cuales se habla día y noche, cree que el resto del mundo también lo sabe y es de lo que todos hablan en la cena. Claro, no es así. Fuera de Uruguay nadie sabe ni qué es el Frente Ampiio, fuera de España poco de Cataluña independiente, fuera de Siria poco de violaciones sexuales a hombres como cosa normal, y así vamos. Darfur, Yemen, Sudán, los Rohingia, y todo lo demás. Fuera de la zona, se lee como si fuera una película y no la realidad. Quiero ver si puedo explicar en pocas palabras algo que se está viviendo en los EEUU como si no fuera cosa de todos los días.

Ahora, en EEUU hay un presidente insólito. Donald Trump. (Recordemos que en este momento los Republicanos son los malos y los Demócratas los buenos, cosa ya complicada de por sí). Todo lo malo que puedo decir de él, va a ser poco. Es imposible describirlo. Está en contra de todo lo que cualquier ser humano puede creer que alguien en ese cargo, sea y haga. Ordinario, con la boca llena de insultos, narcisista al máximo, despreciando hacia todos los que no le dediquen elogios a sí mismo. Y prepotente tanto como burro. De diplomacia, no sabe ni el nombre.

Desde hacerse el religioso para ganar votos, decir que los inmigrantes mexicanos son violadores, que un juez de apellido hispano ‘no puede ser imparcial’, que los padres musulmanes de un soldado muerto son miedosos ya que la madre no habló en público porque la religión se lo impide, que John McCain (republicano de nacimiento, que cayó preso en Vietnam, fue torturado y pasó años en la cárcel) “es un héroe porque cayó preso. Yo prefiero a los que no caen presos”, que el calentamiento global es invento de China, que está eliminando bosques importantes para que se pueda buscar más petróleo, que las mujeres son irresistibles ya que “siempre tengo que andar con pastillitas de menta en el bolsillo porque si aparece una linda, tengo que besarla, y como soy célebre, se dejan agarrar por la cachucha” (traducción libre de esta última palabra, mía, por supuesto. Definan ‘pussy’).

Puso ministros en los gabinetes, exactamente en contra de lo que ese gabinete representa (dueña de escuelas privadas como ministra de Educación, hombre que quería cerrar el departamento de energía en Energía, médico que había sido candidato a presidente en el Ministerio de Salud, a lo que el candidato se negó “porque no estoy preparado”, Bueno, y qué tal Vivienda y Obra Pública? “Ah, eso sí”. Y muchos etcéteras.

Como puso de abogado general de la nación a otra joyita, Sessions, que era senador de Alabama, hoy hay elecciones para sustituirlo en el Senado. Y el candidato republicano -Roy Moore-  es otro ser de un mundo repugnante.
Existe en el medio de los Bautistas Fundamentalistas del sur (cosa que habría que explicar). Tiene el apoyo de Bannon y de Breibart (agencia pro-Nazi y anti-aborto, o más bien anti-todo).

Trae como curriculum el haber metido una roca con los 10 Mandamientos en el edificio judicial de Montgomery, no cree en la separación de iglesia y estado, Islam es una religión falsa, hay que matar a los homosexuales (o curarlos), no acepta la existencia misma de los transexuales, apoya el portar armas por parte de cualquiera (y hasta sacó un revólver en medio de un discurso para demostrar lo hermoso que es), está en contra de mujeres en cargos políticos, y lo mejor: admite el acoso sexual y él mismo asaltó a niñas de 14 a 16 años “pero por lo general les pide permiso a las madres”. Apoya a quien quiere que se permita el matrimonio con menores. En la galería comercial de su ciudad le prohibieron la entrada dos veces, por no dejar en paz a las chiquilinas. Más de una docena de mujeres lo acusan de ataques, pero él insiste que es todo mentira, y que es un buen hombre.

Entiendo que lo del acoso a las mujeres es un tema difícil. Por supuesto está lo de ‘ella dijo pero él dijo’, que no siempre se sabe cómo pasó y que es muy difícil que la víctima se anime a declarar lo sucedido, por miedo, por vergüenza, o por no tener ni dónde denunciar porque no le creen.

Ahora parece estarse dando un cambio que se verá si funciona o no. Las mujeres atacadas por Roy Moore y por Trump, están saliendo a la calle (o sea a la televisión) a decir lo que les pasó. Como nadie les dio pelota, se juntaron y armaron un grupo que aparece al menos públicamente, para que se sepa lo que sufrieron. Y esto es un paso que nadie esperaba.

Ese tema me revolvió muchas veces, porque en Uruguay se da y la gente parece creerle solamente a las mujeres después de muertas. Nadie se da cuenta lo difícil que es ser joven, mujer y andar por la calle. Todo lo que se habla de los ‘piropos’ es poco. No digo que todos los hombres son cerdos, pero sí, ahora me temo que todos lo son, salvo los muy tímidos.

Mis recuerdos van en el camino de casa al liceo, cuando yo tenía 11 a 14 años. Siempre hice apuestas contra mí misma (soy vivísima, porque obviamente siempre gano). Recuerdo haber apostado que en las cuadras desde Río Branco y Maldonado, hasta Colonia y Convención, habría al menos un hombre, (uno solo, no pedía tanto!) que no pasara y me dijera una guarangada. No, no pude salvarme de eso jamás. Todos sentían la estúpida necesidad de comentar. Todos, en serio. Y nunca pude entender el por qué. Yo no medía ni metro y medio y pesaba 40 kilos. Mi mamá siempre me decía que era espantosa y jamás conseguiría marido por falta de tetas y ella se tendría que clavar conmigo hasta su muerte. Y a pesar de todo lo repugnante que me decían los hombres que pasaban, a quién le voy a creer? A ellos o a una madre? Sin dudas, madre.

Llegué a la conclusión que todos los pedófilos de Montevideo se juntaban en al calle Río Branco, justo a la hora en que yo iba al liceo. El acoso no terminaba ahí. Hasta mis amigos del liceo sentían que era totalmente legítimo decir lo que no quería escuchar. Por supuesto hay diferencia entre el flirteo, “qué linda sos” vs “si te agarro sola te …. con descripciones claras de lo que me harían. Guardias de ómnibus y tranvía que se paraban atrás mío y me refregaban el pito duro para que lo sintiera. Muchachos que me pellizcaban mis inexistentes tetas por la calle, solamente por vaya a saber qué placer les causaba esto. Era una molestia diaria, y lo peor, acostumbrada. Y ni que hablar que jamás se lo dije a nadie porque ‘la culpa seguramente era mía’ o ‘el mundo es así’.

Y ahora ese tema, acá, se empezó a discutir en voz alta. No creo que haya una explosión y que de un día para otro los hombres se den cuenta que el sadismo no es bueno. Que tenemos derecho a caminar sin insultos ni promesas guarangas, que las chicas jóvenes tienen sentimientos inmaduros y no hay necesidad de destruirlas. Que los malos recuerdos duran para siempre. Veremos si las mujeres se pueden juntar y pelear contra lo que se supone que era la normalidad.

Una pregunta es “¿por qué pasa esto justo ahora?”. Hoy leí un comentario que decía que el mismo mecanismo que hizo que Trump ganara, es lo que hace que las mujeres ahora se rebelen contra los ataques. Que Trump ganó porque los votantes estaban hartos del status quo y votaron a cualquiera que estuviera fuera de lo normal, aunque el resultado fuera terrible y  en contra de sus propias necesidades. Hombres blancos, evangelistas, rabiosos por la pobreza. (Problema: también lo votaron mujeres, negros y latinos. Quisiera entender esto). Pero que la rebelión de las mujeres acosadas, ahora, tiene las mismas raíces. Estamos hartas del mundo machista y de ser siempre objetos de segunda categoría.

Por supuesto tendría que largar alguna cláusula más interesante, pero hasta aquí llega la bronca y la sensación de tener las manos atadas. No quiero que a mi hija la ataque un director de cine, o un político cualquiera, y que tenga que aceptarlo si no, no va a poder seguir la carrera. No sabemos qué pasará y ni siquiera si algo va a pasar, pero al menos está públicamente dicho.

Wednesday, August 6, 2014

Peluquero jordano y musulmán.

Ayer volví a ir al mismo peluquero jordano y musulmán que se niega a hacerme lo que yo quiero porque Manuel es mi marido, y el hombre de la casa decide. Esta vez hizo lo que se le dio la gana a él, por lo que ahora soy una rotunda rubia de pelo cortito. No hay caso. No le emboca.

 Curiosamente, el buen hombre tenía una curita en forma de mariposa que le cubría totalmente el entrecejo, ajustada alrededor de los ojos y la nariz. Como es obvio, tuve que preguntar y me contestó que era de un ‘sinus infection’ tan bravo, que lo agujerearon para sacarle la porquería que se le había juntado. Y ahí siguió, diciendo que la semana que viene cumple 39, y que nunca antes había tenido algo así. Y largó su extraño racismo con total desparpajo:

Dijo que él sabia por qué le había venido eso. Que era porque en los EEUU hay demasiada gente de lugares diferentes. Me vio cara de interrogación, y aclaró: - de África, de Asia, hispanos, negros, etc. Que con eso, era imposible no contagiarse. Que él jamás se enfermó antes en los lugares donde vivió, o sea ni en Jordán ni en Kuwait. Que esos son países limpios, no como otros. Dijo ‘limpios’ sin la menor duda ni arrepentimiento.

Parece que el hecho de él haber venido con toda su familia hace más de 20 años le da total claridad de opinión. Un genio total. Me cuidé de no hablar sobre la situación en Gaza, pero confieso que me gustaría saber lo qué piensa.

Tuesday, April 15, 2014

Marido uruguayo, peluquero jordano.

Marido uruguayo, peluquero jordano.

 Una de las mejores cosas de vivir en los EEUU es estar rodeados de gente de países con culturas totalmente diferentes a la nuestra. Es lo que más extraño cuando voy a Uruguay. Allá parezco saber lo que piensan todos y si tengo que apostar a la reacción que se puede tener frente a algún tema, casi siempre le emboco. Acá no.

 No soy muy leal a mis peluqueros/as. Ya probé decenas y ninguno me conforma lo suficiente como para seguirlo. Cuando mi penúltimo se fue para Brooklyn (todos mis peluqueros terminan yéndose a Brooklyn, aparentemente), decidí que ya que el de Malalo le decía siempre que yo fuera a verlo, que me dejaría llena de pelos maravillosos, que una amiga uruguaya de acá iba y estaba muy contenta, me resigné a ir porque total, tanto me daba. Que Imad fuera jordano no era grave. Que sea musulmán, ya es otra cosa. Hace más de un año que voy y sigue siendo una bolsa de sorpresas.

Me explicó en detalle cómo él tuvo la suerte de tener que estudiar el Korán en la escuela, dos horas por día, durante 10 años. Yo, por supuesto, contesté lo esperado: -Que en Uruguay tenemos la suerte de que eso no puede suceder, porque la religión y la educación están totalmente separadas. Que Varela era un tipo bárbaro, y que nada, que el laicismo es perfecto. Me miró con mucha lástima. –Y claro-, dijo,- si no les enseñan desde chiquitos lo que es importante, nunca más lo pueden aprender . Antes de contestarle, me di cuenta que lo que iba a decir yo era exactamente lo mismo que dijo él. Que si les embuten desde chiquitos … Pero no interesa. Todos sabemos lo que un uruguayo contesta en esa situación. Lo interesante es darse cuenta que no todo el mundo piensa igual. O mejor dicho que aunque piensen igual, los resultados pueden ser totalmente opuestos.

 La macana del musulmanismo es el machismo. El tal peluquero había logrado transformarme de vieja canosa en una rubia sensacional, con claritos incluidos. Y ahí entró el uruguayo, cuyo ligero machismo tampoco es de despreciar. El que tengo en casa declaró que me recordaba castaña y preferia ese color. Y se lo dijo el sábado pasado al tal peluquero, sin que yo supiera del asunto. Parece que Malalo sacó a relucir la foto de Flora que siempre lleva encima, se la mostró y dijo: “Así era mi esposa cuando la conocí, y quiero que vuelva a tener este color de pelo”. Lo dijo medio en joda, sabiendo que yo lo mandaría a la misma mierda. Pero el peluquero lo tomó como una orden.

 Inocentemente fui la semana pasada y le dije: “Solamente las raíces, no tan rubio pero con claritos por todos lados”. Su respuesta fue: “No, vamos a hacer toda la cabeza, más oscura”. Pensé que estaba loco y le dije que sin claritos no me iba. “Manuel no quiere”, contestó. “Y a quién carajo le importa?, dije yo. “A mí”, dijo él. Y ahora estoy así, completamente marrón, con un artefacto tipo nutria parada arriba de la cabeza. Malalo dice que le gusta.

Wednesday, November 20, 2013

Uruguay, país de pocas etnias.

Recién fui a uno de mis lugares favoritos: un supermercado mexicano. ¿Dónde más se podrá conseguir un 'pelador de nopales'. Necesito uno, aunque ni sé qué es el nopal. Pero los estantes están llenos de verduras impronunciables, y sospecho que no comestibles. Y no solamente tienen frutas enteramente desconocidas, sino hasta en invierno se consiguen las tropicales comunes, a las que somos adictos, aunque desconocidas en Uruguay.

 La macana es que necesitaba 'crema ácida' y los mexicanos son muy particulares con sus cremas. Una heladera entera de cremas ácidas. La 'Típica Mexicana', ' La Mejor', 'La Única', etc. Y al lado 'crema campesina', cosa aceptable. Cuando llegué al estante de las ' oaxaqueñas' me di cuenta que hay al menos una crema por estado. Y recién ahí venían las ' crema estilo salvadoreño', 'crema guatemalteca' y todas las demás. En Uruguay se solía llamar 'crema rusa', pero Conaprole la dejó de hacer porque las ventas venían flojas, ahora que casi todos los judíos europeos se murieron.

No hay caso, Uruguay es totalmente mono-español, con un poco de italiano... Ni sueñen con abrir un restaurante que no sea parrillada.

Wednesday, August 28, 2013

Nombres de hijos y religión

Nombres de hijos y religión

 Algo complicado del New York Times de hoy. Una pareja de gente de color (negro, Les Luthiers dixit) le quiso poner a su hijo 'Messiah' (Mesías). Y a un juez se le ocurrió que eso nunca. Que el Mesías es único y no cualquier hijo de alguien.

 Lo primero que dijimos, como buenos uruguayos, es por qué carajo la justicia se tiene que meter en algo como el nombre de un hijo, pero... el articulito seguía: Otra familia quiso cambiarse el apellido y ponerse 'Christ-is-Lord'. Tampoco los dejaron. Otros quisieron 'Jesus-is-King'. Poca suerte.

 Argumento: cuando tienen que presentarse en la corte, por cualquier razón (multas, divorcios, mamados manejando), acá se los llama y nombra a gritos - ese es el sistema heredado de Inglaterra-, y llamar en voz alta a gente con esos nombres puede ser considerado apoyo a una cierta religión y ofender a los de otra. ¿Se imaginan escuchar a los gritos 'Cristo es rey'?

 Pero resulta que ya hay 763 niños acá, que en este mismo año, los anotaron como Messiah. Y entre los hispanos, hay 3.700 a quienes en lo que va del 2013 les pusieron Jesús, María, Guadalupe, etc. (aclaran que esto no se da tanto en España pero sí en Latinoamérica, aunque en España se usa bastante 'Socorro', que no es moco de pavo).

 De modo que no es tan fácil decidir si hay que permitir o prohibir llamar a los hijos como se les cante. No es un problema para Uruguay, donde los nombres pueden ser perfectamente inventados.

Friday, December 14, 2012

Racismo y cartera negra

Racismo comparado. EEUU vs. Uruguay

Si estoy en Chicago donde hay un grupo de hombres y quiero referirme a alguien particular de ese grupo, tengo que decir ‘el que está de traje’. Pero hay ocho de traje. Bueno, entonces, ‘el que está de traje azul’. De los ocho, cuatro tienen traje azul. Y de ahí la explicación: ‘de esos cuatro, ni el más alto ni el más bajo, sino de los dos de mediana altura, el que está a la derecha’. Sería mucho más fácil decir ‘el negro’, pero nos atragantamos y no lo decimos. ¿Y no lo decimos porque somos racistas, o porque no lo somos?

Quise empezar a contar algunas historias de mi cartera (repartidora de cartas – femenina - aclaro, y negra) pero me di cuenta que todo el principio era un largo enredo para procurar no sonar racista, con excesivas explicaciones que empeoraban la situación. Creo que yo no tenía claro lo que era el racismo, hasta que llegué a este país. De ahí en más, empecé a prestar atención y lo encuentro en todas partes.

En Uruguay existe esa vieja tradición de que no somos racistas, simplemente porque decimos que no lo somos. Así de fácil. El argumento pasa por “No tenemos problema en llamar ‘negro’ a alguien, porque es un apelativo cariñoso, del mismo modo que decimos ‘ñato, petiso, gordo, pelado, maricón’ etc.” Lamentablemente, el hecho de que nos sintamos con derecho a definir a alguien, enfocando en un defecto físico o en ciertas cualidades que no vienen al caso, no significa que seamos buenitos ni que no tengamos sentimientos claramente peyorativos.

Es cierto que la palabra “negro” en español, no tiene el mismo valor que en inglés. Se traduce igual, pero no se parece en nada. No tenemos historia de linchamientos y separaciones de bebederos, de escuelas separadas ni de asientos de atrás en el transporte colectivo, por lo que el negro uruguayo (más los esclavos escapados de Brasil) no sienten la segregación en forma tan clara. Sin embargo, yo nací y viví en lo que se conoce como el barrio negro de Montevideo: Palermo, donde aún hoy hay una población negra mayor que en, digamos, Pocitos, y donde el ingreso per cápita es bastante menor que en otros barrios. Quiero decir que si realmente no hubiera racismo, no habría esa historia de barrios con gente de un color u otro. Pero los hay. Y también hay barrio judío, y paro de contar, porque lo que es inmigración del resto del mundo, cero a la izquierda. A veces parece más fácil vivir en un país homogéneo, que en uno de alta inmigración mundial. Menos interesante, pero más fácil.

Hay pautas en común entre no ser blanco y vivir en un barrio pobre. Los datos urbanísticos existen y pueden usarse cifras correctas que ahora no vienen al caso. Lo que es claro, es que con lo visual, de inmediato catalogamos y armamos grupos. Cuando hablamos de etnias, recurrimos a lo que se ve. Igual que en los barrios pobres, donde aparece lo que a veces se llama ‘el síndrome de las ventanas con vidrios rotos’. Lo que vemos, nos permite juzgar -con razón o sin ella- y darle cualidades positivas o negativas al resultado.

En los EEUU, ser negro es un tema histórico que aún duele y que además se sigue refiriendo a un grupo étnico mayoritariamente pobre, donde se da el círculo vicioso de vivir en barrios de mal aspecto, ir a escuelas mal financiadas, y no poder salir del sistema.

El problema por acá es que el racismo se ve a diario, y lo que se trata de hacer para pretender evitarlo, es utilizar el simple sistema de no usar determinadas palabras, por ser claramente despectivas. Autocensura. No podemos decir ‘nigger’ sin golpearnos el pecho y pedir perdón por usarla, siempre y cuando quien lo diga no sea de piel negra. Hubo muchas opciones de reemplazar esa palabra pero ninguna aceptable. Se probó con ‘Colored people’, igual que en castellano decimos ‘gente de color’ (“negro”, como dicen Les Luthiers), y de allí salió la sigla ‘NAACP’- National Association for the Advancement of Colored People – que ya tiene problemas desde el vamos, pero que legalmente mantiene ese nombre.

Se probó con ‘Negro’ (así, como en español, pero pronunciado [nigro]), y después con ‘African American’ - aclarando que no son ‘Afroamerican’, que no es lo mismo. Hubo largas y sesudas discusiones al respecto. Digamos, que además, Egipto no forma parte de Africa, aparentemente. O sea que para ser African American no alcanza con tener ancestros africanos, sino que además hay que ser de piel negra y eso no está incluido en el nombre aparentemente objetivo.

El particular modo de hablar, con el agregado de las discusiones sobre si es un dialecto del inglés o no, se llamó desde Black English, pasando por Ebonics hasta AAVE- African American Vernacular English – nombrete que también se las trae. Hay una cierta incomodidad en nombrar algo objetivo y medible. No hay soluciones simples, como comprobé cuando tuve la ocurrencia de aceptar un cargo docente en el departamento de español, en una universidad donde el 99 % de los estudiantes son negros. Quedaba también en el corazón de la zona negra de Chicago, o sea toda la zona sur. Toda. Con un nivel de pobreza inaudito. No sé por qué se me ocurrió que yo tenía todas las cualidades para ser una buena profesora de ese grupo (tal vez porque soy uruguaya, pretenciosa, y por lo tanto me creo que no soy racista).

No fue un trabajo brillante ni fácil. Me ganaron, sin ninguna duda. Enseñaba de noche y tenía que manejar más de una hora, en invierno, de noche, en la nieve y el hielo mal limpiado – porque en los barrios pobres los camiones limpiadores pasan muy poco a menudo - y cruzar toda una zona donde hacía fuerza para que el auto no se me descompusiera en la mitad del camino.

Mis estudiantes – casi todos de magisterio -, no muy jóvenes, muy pobres y con problemas reales (chicas que habían sido pateadas por sus novios hasta que las hicieron abortar, mujeres con cirugía cardíaca hacía un mes, hombres que venian directamente con ropas de trabajo, etc.) solían criticar a sus profesores con gran saña, y una de ellas me explicó que el profesor de matemáticas era un asco, porque hablaba “inglés blanco” (White English, así dicho por ella misma). Me extrañó ese uso, aunque no entiendo el porqué de mi extrañeza. Y me aclararon “¡Habla inglés blanco aunque él mismo es negro!” Tuvimos una cierta conversación y les pregunté qué le pensaban enseñar a sus alumnos, cuando los tuvieran, y si pensaban que los maestros negros debían enseñar inglés negro. No hubo respuesta a esa conversación porque el tema no está para nada resuelto. Forma parte del círculo vicioso, que pasa por no poder ellos conseguir después trabajos mejor pagos, si hablan un inglés que no es el standard, y así hay varias generaciones de pobreza y segregación, que refuerzan esas diferencias.

Pero en USA, existe el esfuerzo para, al menos, reconocer el racismo de los blancos. Para tratar de mejorar eso, se echa mano a teorías psicológicas, usadas para otros temas. Basado en la teoría combinada del “behaviorism” y fundamentalmente en el “cognitivism” se supone que si controlamos y cambiamos las palabras que usamos, también podemos pasar a cambiar los pensamientos. En este caso, no me parece tan equivocada. La insistencia en no usar la palabra ‘negro’ influye lo suficiente como para darnos cuenta que cuando la usamos, es claramente racista y la evitamos a toda costa.

El evitar nombrarlo se extiende a toda otra palabra de esas que en español nos suenan ‘cariñosas’, como en los ejemplos que di al principio, de darle apodo a alguien por lo que se percibe como defecto físico . Y me doy cuenta de lo increíblemente incómoda que me siento cuando voy a Uruguay y oigo decir lo que en EEUU no se puede. Como ejemplo, una amiga uruguaya estaba hablando de la Secretaria de Estado de Bush, Condoleeza Rice y muy tranquilamente, dijo, “Ah, ¿cómo es que se llama esa negra de mierda…?” Al ver nuestra reacción, esa persona trató de justificarse, diciendo, “No, no es racismo. Si fuera blanca, también sería de mierda”. Más risa nos dio, porque no se dio cuenta que jamás diría “Esa blanca de mierda”.

Por supuesto, todo lo que es ‘políticamente correcto’, se exagera. Y aparecen palabras que pretenden sustituir a las consideradas peyorativas. Acá no podemos decir que alguien es gordo sino ‘rather large’ (‘más bien grande’), ni podemos referirnos a la forma de la nariz de nadie, so pena de recibir miradas endurecidas. Me llama la atención que esa actitud se me haya trasplantado literalmente al español, y en forma totalmente inesperada, cuando voy a Uruguay, me cuesta definir a alguien dando algún detalle físico, porque siento que el racismo, o clasismo, o algún otro –ismo, me brota tanto que debo reprimirlo.

Toda esta explicación – que me estoy dando a mí misma - vino a causa de quere empezar una historia diciendo ‘Mi cartera, que es negra…’ Me siento incapaz de decir eso sin aclarar las complicadas razones detrás de esa frase.

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Mi cartera negra.

Ya de entrada, aclaro que ‘cartera’ es el femenino de ‘cartero’, y cualquier otra denominación sería demasiado engorrosa. Y ‘negra’, es que es, simplemente, negra.

Esa cartera era una mujer especial, con la que yo me había encariñado. Por supuesto era vieja, muy gorda y con una extraña manera de caminar, por tener las piernas combadas no de andar a caballo, sino en elefante. Y chueca, además. Fea como pocas, con pelo ralo, que solía arreglarlo haciéndose trencitas, no modernas y prolijas, sino con mechones sueltos. Y no se las acercaba al cuero cabelludo, sino que las lucía así, tipo puercoespín. Los dientes, blanquísimos y firmemente horizontales, tenían entre ellos enormes espacios triangulares.

Estuvo trabajando por esta zona por bastante tiempo y cuando me la encontraba, charlábamos ampliamente, vaya a saber de qué. Un día me dijo” ‘¿puedo comer algo?’, porque Ud. sabe, ¿no? la enfermedad…” Deducción fácil: negra, gorda y vieja, sin dudas - diabética. O sea que tenía que comer a menudo.

Alguna vez se traía comida y me pedía que se la calentara en el microondas, para así comérsela en su camión de correos. Le dije que mejor entrara y comiera calentita, acá en casa, ya que el camión … Ella no protestaba. Estaba contenta con su trabajo. Y siempre tenía historias fascinantes. Confieso que no la entendía en un 100% - el AAVE no es mi fuerte – pero ella agregaba gestos que las hacía vívidas e interesantes.

Otras veces pasaba y preguntaba si podía comer, sin haberse traído comida propia. Por supuesto! Y la primera vez le di unos niños envueltos de repollo (holoptses), agridulces, que la fascinaron. Al otro día me avisó que todos los carteros de Chicago hablaban de mi comida y querían la receta del tal guiso. Ahí me di cuenta que me había hecho famosa entre ese grupo especial. Todos la envidiaban por tener gente tan amable en la ruta (ella dijo eso, no yo). Es lindo saber que todos los carteros de la ciudad, son amigos míos.

Una vez trajo comida para ella y para mí. Lamentablemente, una normal diarrea me impidió probar los manjares, que consistían en pollo frito, tallarines con queso derretido y papas asadas, que no parecían ser parte de una dieta de diabéticos, pero ella comía con gran fruición.

Empezó a contarme historias de su vida. Vivía con alguien a quien alguna vez llamaba ‘marido’, pero me aclaró que no estaban casados. Me contó que él no quería dejar de trabajar, aunque podría jubilarse, porque le gustaba mucho su trabajo. Era también repartidor de correos, de paquetes, por lo que no usaba carrito sino un camión bien grande. Acá el correo es la base de las compras y parte muy importante de la economía del país. Y sucedió que él no se había tomado vacaciones el año pasado, por lo que le dieron en efectivo, el valor monetario del tiempo que no se había tomado. Y que él esa suma la iba a invertir, ella me dijo, con una guiñada de complicidad. Le pregunté en qué iba a invertirlo y me dijo ‘en caballos’ que era lo que más le gustaba. Y él decía que sabía cómo apostar para ganar bien. Nunca más supe el final de esa historia, pero sospecho que no fue un resultado próspero.

Otras veces me contaba de su familia. Están todos en el sur, en Alabama y Mississippi. Ahí me hizo una complicada historia acerca de una sobrina, que estaba de novia con un primo hermano y quedó embarazada. Para no decir que su primo era su novio, ella resolvió el problema diciendo que el tío era en realidad el padre de la criatura. Y el tío se casó con ella, nomás. El hecho es que todo el mundo sabía cómo había pasado la cosa. Resulta que hace poco a una prima más joven se le ocurrió armar el árbol genealógico, pero con ese lío de parientes, no tenía modo de armar uno relativamente inteligible.

Otra vez su historia cambió. El que llamaba ‘marido’ era ‘novio’ y no trabajaba sino que cobraba desempleo. O sea que no se podían casar, porque si no, con el sueldo de ella, perdían el aporte del estado. Pero que eran una buena pareja, dijo. Ella trabajaba y él cocinaba. Claramente, un buen negocio. Ella tenía 67 años y él 50, dijo, pero durante el sexo, ella le ganaba y él le decía ‘Oh, baby, baby, no vayas tan rápido que yo no puedo’. En esos momentos yo me preguntaba a mí misma cómo había llegado a estar en esa cocina, en Chicago, fascinada con las historias de mi amiga diferente.

Hace unas semanas vino a contarme que tuvo unos malestares, fue al médico, y éste le aseguró que ya no tenía más diabetes y que podía comer lo que quisiera. Le pedí que fuera a otro para tener una segunda opinión, porque la de éste, no parecía razonable. Prometió ir a otro médico.

¿Por qué hago el cuento en el pasado? Porque tuvo una crisis diabética, mientras estaba repartiendo cartas en el edificio de enfrente. Llamaron una ambulancia y se la llevaron. No supe de ella durante un par de semanas, hasta que al fin me encontré con la cartera sustituta, una mujer físicamente parecida a mi amiga, pero más joven y energética. Le pregunté cómo podía hacer para contactarme con mi ex cartera y muy contenta dijo que buscaría su número de teléfono y me lo daría. Hoy tocó timbre y me contó que Caroline (así se llamaba, aunque nunca antes lo supe) se puso muy contenta cuando se enteró que pregunté por ella y le dio su número de celular para que yo la llamara y la fuera a visitar. Me dio un alegrón, aunque seguramente vive en el mismo barrio donde una vez enseñé, y tengo que agarrar algo de coraje para poder ir.

EEUU, amiga y huracán.

2012, huracán Jan


Tuve una segunda cirugía de hombro, y pensé pasar un par de semanas tirada, en pleno ataque de recuperación. ¿Qué pasa en esos casos? Aparecen viejos amigos que ya viven en otro país a pasar una semana en nuestro dormitorio de visitantes, una hija que viene a ayudar por un par de días, y una amiga que solía vivir a una cuadra de acá, pero por razones de trabajo se mudó a Brooklyn. Y de inmediato, vino el huracán Sandy.

Esa amiga iba a dormir acá enfrente, en la casa de su amiga del college y venir por aquí por un rato, en teoría para ayudarme por mi hombro operado y el brazo derecho encajonado. Lamentablemente, entró corriendo y de puro atropellada, se tiró encima de un pie una cosa pesada que cayó del freezer, se le hinchó, tuvo que ir a una emergencia y decidió quedarse entonces en casa por 4 días – huracán mediante con aeropuertos cerrados en la costa este y un desbarajuste total-, acampando en el living para no tener que subir la escalera al dormitorio de las visitas. Manuel le armó el sofá con almohadones de modo que la pierna le quedara levantada. Todo en orden.

Es de las que 'tocan'. Supongo que todos conocemos gente así.  Son tan amigos que llegan y sin preguntar, tocan todo lo que encuentran. Este es el país de los aparatos. En los tales aparatos hay ciclos, pero hay que tocar los botones correspondientes, en un cierto orden. Si no, la programación se va al cuerno y hay que rehacer todo.
Primero nos dejó sin teléfono por toda una tarde, porque lo usó y lo dejó en una mesa, sin apagar. Manuel trató de llamarnos muchas veces y se preocupó porque no había respuesta. Al otro día decidió apretar el botón de escuchar desde la pared, lo que provoca ciertas complicaciones, de modo que vuelta a desinstalar y reprogramar.

De ahí, pasó al televisor. Al carajo. No había manera de recuperar los canales favoritos, ni lograr que no aparecieran canales que nunca miramos. Y trancó el DVD, por apretar algo inconveniente, al mismo tiempo que otro botón. Insólito. Para eso hay que tener una habilidad muy peculiar.

Unos días después, decidió que quería lavarse la ropa y allí se fue a tocar los botones del lavarropas, tratando de conseguir (sin preguntarme) el lavado suave, para ropa fina. Nunca en la vida lo usé, por falta de ropa tan delicada como para merecer ese tratamiento.  Tuve que reprogramar todo dos veces (no soy ningún genio) para lograr que volviera a la normalidad.

Y encima, Manuel, pobre, volvía del trabajo y tenía que hacernos de comer a las dos y a sí mismo... y encargarse de todo.

Además a  mi amiga le gusta comer en el living, y se llevaba los platos, el café, todo, a los sillones. En su casa, tiene todo el derecho del mundo, pero en la mía, grrrrr.

A cada rato le tenía que decir que cerrara la heladera, que ese no es buen lugar para meditación. Me olvidé que en la casa de ella abren la heladera antes de preparar la comida y no la cierran hasta que no está todo pronto en la mesa. Cuando le dije que no hiciera eso, me dijo que ¡para qué la iba a cerrar si enseguida la tendría que abrir otra vez! Y no me creyó que la temperatura tenía que mantenerse fría, y que con esa puerta abierta estaba poniendo en peligro todo lo de adentro. Dijo que jamás le pasó nada, cosa totalmente razonable.

Bueno, al fin abrió LaGuardia, la pusimos en un taxi, y acaba de llamar por teléfono desde N.York, a decirme que pasó muy bien, que fue una linda vacación, que ella descansó mucho y que todo estaba fenómeno. Y terminó diciendo "me alegro que gracias a que los aeropuertos cerraron por el huracán, pude quedarme 4 días y ayudarte un poco". A Manuel casi le da un ataque. No entendió ese tipo de ayuda.

Pero, hete aquí que esas visitas apuraron mi recuperación, porque tuve que hacer cosas, pensar en comidas, poner toallas a disposición de los huéspedes, y la verdad es que aunque estemos lejos, tenemos amigos de carne y hueso que vienen a casa, familia que existe, y tengo la real suerte de no poder descansar después de una cirugía.

Miedo, amígdala y elecciones

2012 post-elecciones


Acabo de escuchar en la TV algo maravilloso. Una profesora de psicología contando que sus pacientes republicanos la llaman por teléfono, angustiados. Pero no solamente angustiados emocionalmente, sino físicamente. Con vómitos y diarreas. Ellas les explica que tienen que relajarse, y que ya van a ver cómo el que Obama haya ganado, no es el fin del mundo.

Y ahí siguió, hablando de un estudio que se hizo del cerebro de los votantes. Que el de los republicanos tiene la amígdala más agrandada que el de los demócratas, y ahí es precisamente donde reside el miedo. Que los republicanos tienen terror a algo y que no lo pueden evitar.

El periodista le preguntó sobre la importancia de la falta de paranoia de los demócratas, y ella insistió en que el tamaño de la amígdala es lo que influencia ese sentimiento opuesto, por lo que claramente, los demócratas la tienen más chica (la amígdala, por supuesto).

No dijo que ‘la gente nace así’, pero es lo que ella cree. Digamos, no como la homosexualidad. Esa se puede curar, dicen muchos republicanos, pero el miedo que sienten por Obama, no. Eso no.

Monday, June 25, 2012

Multiculturas en los EEUU

Multiculturas en los EEUU.


Una de las cosas más fascinantes para mí en este país es la multitud de grupos étnicos diferentes que aparentemente conviven, con o sin problemas.

Ayer en el gimnasio, donde mi vecina (que cumple 80 años en diciembre) y yo tenemos a medias un entrenador personal, había un hombre con cara furiosa levantando pesas y se le veía en el brazo un tatuaje de letras en el alfabeto hebreo/idish. Mi vecina se moría por saber qué decía, y yo vi las letras pero ni idea de la palabra total en hebreo. Lo que vi fue ‘d v d’. No pensé que fuera publicidad gratuita de películas para televisión, por lo que simplemente me acerqué y le pregunté. El tipo, que tenía aspecto fiero cuando tenía las pesas en el aire, resultó un buen muchacho que enseguida me preguntó si conozco ese alfabeto. Le dije que sí y me dijo que el tatuaje decía ‘dovid’, que era el nombre de su padre. Ah, bueno. Enseguida le pregunté de dónde era él. Esa pregunta es terriblemente común en los EEUU, pero casi desconocida en Uruguay, donde todo el mundo es de Montevideo, parece…

Me dijo que él era cruza (todos decimos lo mismo) porque su padre era húngaro israelí, su madre mexicana, él nació en – no puedo recordar el país, pero era lejos y nada relacionado a su familia – y su esposa es polaca pero cristiana. Difícil declarar ‘yo soy xx’.

Por supuesto me preguntó de dónde soy yo, y la cantinela es ‘nací en Uruguay, padres polacos judíos que emigraron en los años 20, y marido mitá español, mitá italiano, pero no judío’. Como ven, cuando alguien me pregunta de dónde soy, tampoco tengo una respuesta corta. Realmente, la mezcla de etnicidades, idiomas, culturas, da resultados interesantes.

Desde el gimnasio salí a dar un tour de arquitectura, cosa que suelo hacer los viernes. Como ese día me salvé porque había menos gente, ya que estaba en el centro decidí ‘ir de compras’.

El resultado es siempre el mismo: entro a muchísimas tiendas, me pruebo de todo y no compro nada, porque ni necesito ni me queda bien. Recuerden que aquí todos los lugares son sin empleados, - vos mismo buscás lo que querés y vas a los probadores, así que no jorobo a nadie con mi indecisión.

Y llego a un lugar interesante, donde venden todas las cosas de marca que, por falta de talles, no pudieron vender en la tienda pituca central. Como de costumbre estaba lleno de gente, con cola para entrar al vestidor. Hay además, grandes espejos por todos lados y ahí me veo a una musulmana, vestida con su armadura total, con una ranura a la altura de los ojos por la cual podía mirar. Estaba en la zona de vestidos de fiesta, y muy tranquilamente los agarraba de a uno, plateados, sin espalda ni tiradores, y se lo probaba delante del espejo. No pude entender si pensaba comprar y usar algo así (tendría que llamar a la policía para defenderse porque su familia la mataría de pura vergüenza), si lo usaría encima del atuendo negro, o tal vez debajo, para atraer a su marido con métodos bastante comerciales. Lo cierto es que no sabemos lo suficiente de otras culturas en el mundo.

Al volver, cerca de una esquina tengo delante a dos buenas señoras, una que apenas caminaba y la otra con un bastón para poder moverse. Las paso y enseguida escucho desde atrás unos gritos. Una de las señoras que se estaba cayendo hacia atrás (en una caída más bien lenta, tratando de no romperse la crisma), tenía encima un hombre, que estaba también cayendo con ella.

Desde el suelo, el hombre levantó los brazos al aire para que se viera que no trataba de hacer nada, y que todos los que llegamos corriendo a ayudar a ‘que un negro no le robara a una anciana blanca la cartera’, estábamos totalmente equivocados.

La señora desde el suelo se puso a gritar que todo estaba bien, que lo que había sucedido fue que al caer se le levantó el bastón y con el mango curvo enganchó la pierna de un señor – de edad mediana, negro – que estaba en la parada del ómnibus. Así enganchado se cayó, directamente encima de la señora.  Me dio mucha vergüenza haber sido parte de la patota que lo primero que pensamos era lo tradicionalmente esperado. Negro ladrón, viejita blanca buena. Es que uno en este país aprende a ser racista.

Saturday, January 15, 2011

1997 - sobre múltiples personalidades y costo de psiquiatra

From esteinbe@midway.uchicago.edu Wed Feb 12 21:52:45 1997
To: jvarlott@adinet.com.uy
Subject: lamentablemente cierto

Un psiquiatra diagnosticó a una paciente con "multiple personality disorder", y le cobro como terapia de grupo. (Una de las personalidades era un pato, otra Satán, y otras unos ángeles que charlaban con Dios). La compañía de seguro de salud le está haciendo juicio al terapista.

Saludos a Alicia.
elisa

De Jorge:
From jvarlott@mail.adinet.com.uy Thu Feb 13 01:56:41 1997
To: Elisa Steinberg
Subject: Re: excelente

Sencillamente, no lo creo. (Por otra parte me parece mal negocio, porque la terapia de grupo se cobra menos que la individual por persona, y ninguna de las personalidades secundarias de la paciente esta capacitada para manejar dinero: ni los patos, ni Satán, ni los ángeles).

Carinios
J.

jvarlott@adinet.com.uy

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From esteinbe@midway.uchicago.edu Thu Feb 13 13:50:58 1997
To: jvarlott@mail.adinet.com.uy
Subject: Re: excelente

Olvidé aclarar que eran 120 personalidades, pero cobrar por 120 pacientes le resultó un poco grosero, por lo que cobró por 8, que era el número de sus grupos normales. Y si mis matemáticas me lo permiten, te diría que 8 pacientes en un grupo son más redituables que un paciente individual. Las personalidades no pagaban un carajo: la cuenta va directamente al seguro de salud. O sea que tus argumentos fueron destruidos.
En EEUU nunca progresarias.

elisa
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From jvarlott@mail.ADINET.COM.UY Thu Feb 13 16:08:27 1997
To: Elisa Steinberg
Subject: Re: excelente

>En EEUU nunca progresarias.

Aqui tampoco.

Besos,
J.
jvarlott@adinet.com.uy

Friday, January 14, 2011

1997 - Respuesta de Jorge

Mensaje mío a Jorge:
>Recibiste la primera parte de mi larga y triste historia de los juicios
>en los EEUU? Creo que te conte el del cafe, pero no los de los ninios
>besadores.

Respuesta de Jorge: (sin acentos ni tildes)
La recibi con beneplacito. Estoy sobre ascuas con respecto a los ninios besadores. El hecho de que yo este pasando por un momento de grave neurosis pantaliasica que me sumerge en la fabricacion de macros y me impide contestar mi correspondencia como es debido, no debe significar un freno a tus historias, que admiro desde siempre (mi favorita: la tia con un solo diente que atendia el telefono y si era mujer se ponia a insultarla, comenzando por aquello de "yevga mierda").
Me encanta recibir mail, tanto, que me suscribi a un diario con noticias y a un trisemanario con informes de novedades en el mundo de la tecnica y la informatica.
Tambien recibo una palabra por dia de un servicios de diccionarios, y estoy por suscribirme, en el mismo lugar, a la charada diaria (versito rimado en ingles, del cual no entendere un pepino la mayor parte de las veces, pero cuando entienda uno, ah...!). Estoy pasando por un periodo en el cual considero equivocadamente que es mejor recibir que dar.
Con otras palabras: CONTAME ESAS HISTORIAS, POR DIOS !!!!


Jorge, el Rata.


PS: no estoy seguro de que pueda publicar las cosas de ustedes en Posdata, porque no estoy seguro de que vaya a seguir colaborando con Posdata. Esta semana es decisiva para saber a que atenerme. Son esos problemas laborales propios del subdesarrollo. Como esa es la unica entrada que tengo en el momento, me parece que es un motivo mas para estar neurotizado.


PPS: Espero que los mails de tus hijos sean realmente de tus hijos y no seas vos que te estas haciendo pasar por ellos. Me sorprendio Gaston, fresco y dicharachero, en un perfecto espaniol uruguayo (del cual yo creia que él no entendia una sola palabra).


PPPS: no se si leiste por encima del hombro el mail del Manhole acerca de los zapallos. Una maravilla. Que desperdicio de tipo, con esa chanchada de la biologia.

1996 - Navidad y lista de regalos, según el Chicago Tribune

(De aquí en más, en este correo dejo de corregir y agregar acentos y ñ. Así eran los correos en una época más inocente).
From esteinbe@midway.uchicago.edu Mon Dec 2 21:37:49 1996
To: jvarlott@adinet.com.uy
Subject: Regalos de Navidad

Lista de los regalos favoritos del Chicago Tribune, con precio y todo:
-Toilet paper hat $19.95. Elegante y funcional gorra (tendrias que ver el dibujito) con un rollo de papel para tener a mano.
-Giant electronic radar frog $29.95. Cuando algo se mueve frente a ese enorme sapo, el mismo dice "ribbet" -(que es el ruido que hacen los sapos en ingles).
-Neuticles $32 (large) Testiculos artificiales para perros - ya que aca se castran apenas los traes a tu casa. Esto los hace sentir como que todavía los tienen.
-Larvets $13.95, set of 12 packets. Larvas de escarabajo, vivas, para comer, con 3 gustos: barbacoa, queso y picante mexicano.
-Instant gold replating solution. $19.95. Es eso que dice. Una especie de pintura imitacion oro.
-Slimming insoles $19.95. Resultados de la accupressure. Parece ser que el lugar de perdida de peso queda en un costado de la planta de los pieses y estas plantillas tienen un bulto en el lugar adecuado, qeu ayuda a adelgazar. Pero te saca unos callos feroces.
-Computerized electronic cat litter box $199.00. Gran caja con polvito para que caguen y/o meen los gatos. Apenas lo hacen, un rastrillo pasa, recoge el resultado del gato y lo mete en un costado cerrado hermeticamente, el que luego abris y ahí la concentracion te mata, supongo.
-Cow brassiere $40.00. Si, para vacas. Evita lastimaduras y no necesitan pomadas con antibiotico.

¿Cual quisieras como regalo?
elisa

?
From jvarlott@adinet.com.uy Tue Dec 3 00:01:47 1996
To: Elisa Steinberg
Subject: Re: Regalos de Navidad

>Cual quisieras como regalo?

Estuve a punto de elegir el sutien para vacas, pero despues pense que era una eleccion un tanto snob, como para mostrar a las visitas. Lo que realmente me conmueve, y probablemente mi alma de ninio llegue a soniar con ello, es el sapo que dice "ribbet".
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En pocos minutos enviare una circular, explicando algunas malas
actitudes. Por medio de ella te daras cuenta de que no te he contestado
todavia algunas cosas anteriores, no porque no me haga cargo, sino porque
tal vez me hago demasiado cargo.

Un Hombre Sumamente Estresado