Friday, January 7, 2011

2011 - explicación- ¿y ahora? a Jorge Varlotta (Mario Levrero)

Bueno, trato de seguir. Debido a una promesa que le hice a un cierto amigo, a quien conocemos como Jorge Varlotta (aunque los lectores lo conozcan como Mario Levrero), publico partes de lo que no me animé a publicar en libro de papel - por razones... digamos ... razonables y por más que en La Novela Luminosa, él considere que su 'amiga de Chicago' está en condiciones de publicar.

Conservo en la computadora los e-mails casi diarios que solíamos mandarnos, desde el 96 hasta su día final. 8 Años de e-mails. Por alguna razón, al cambiar a otra computadora, desaparecieron algo así como uno o dos años. Son recuperables ya que están guardados en el disco duro de la computadora de Jorge (la oferta de buscarlo ahí viene de Alicia Hoppe y desde aquí le agradezco), pero no es sencillo conectarse. Entiendo que es una responsabilidad. Trataré de no publicar ningún detalle de los que considero personales, pero los seguidores de Mario el autor pueden seguir el razonamiento de éste. Hay recomendaciones y explicaciones bastante particulares. Por las dudas, lo sigo llamando 'Jorge', porque era el único nombre que yo usaba.

Entre otras cosas, le hice de conejo de Indias en un taller literario vía Internet. Nos daba los temas y los desarrollábamos (-amos, no sé quiénes fueron los otros, pero sé que hay más gente por ahi). Algunos párrafos son interesantes, pero más lo son los comentarios de Jorge.

Ah! y los comentarios para mí, a veces, creo que son de Jorge el amigo y no de Mario el escritor - aunque él decía que me trataba con la misma ferocidad que a todos sus otros alumnos. Supongo que no se molestará (hubiera molestado) si publico algunas de sus lecciones. Otra gente ya ha publicado otras reflecciones. Éstas son las que me dedicó a mí.

Y lo del libro mío, publicado, que Jorge me hizo prometerle: llegué a la conclusión que ya no estamos en la época del libro de papel. Ya sé, el gustito de tocar las hojas, escribir, doblar las páginas, lo sentimos, pero quemamos árboles inútilmente, gastamos demasiado en publicar porque es caro y los amigos igual no pueden comprarlo. No conozco personalmente a nadie que sobreviva con las publicaciones en papel - ni siquiera se logra sacar lo que costó hacerla.
Es la época de los blogs, que son gratis y así todos los amigos que me sugirieron que los incluyera en mis lista de correos, a través de las cuales mandé mucho de lo que hay acá, pueden librarse de las culpas de no gastar en porquerías inútiles, darles lugar en mamotréticas bibliotecas, y usar espacio, calefacción y aire acondicionado como si fueran necesidades (sí, ya sé, la burguesía también le llega a los libros).

Aclaración: En itálicas y en azul van las notas y respuestas de JorgeMario. Mis chanchadas, en letra normal. Por supuesto, publico lo que me quedó más o menos bien, al menos desde el punto de vista de él (soy boba, pero no masco vidrio).

Monday, January 3, 2011

1999 - papelitos arrollados, Café La Paz

1999. Primeros grupos de amigos virtuales.

¡Qué dificil es conocer gente a través de la internet! O mejor dicho, ¡qué fácil es! Alguien te invita a integrar un grupo de chateo, te anotás y empezás a hablar con gente como si la conocieras de toda la vida. El problema es que realmente, realmente, no te conocen más que desde el momento en que empezamos a escribir y la nueva tecnología no permite que nos conozcamos desde la infancia, como ocn los amigos normales.

En mi grupo de chat, denominado Café La Paz, casi todos argentinos, todos de humanidades pero trabajando en cualquier cosa, todos desparramados por el mundo y todos fumadores empedernidos, tuvimos una discusión sobre las maldades del fumar, que qué se creen que uno va a jugar así con los pulmones, que apestan cada lugar donde se aparecen, que qué suerte que están lejos porque aquí yo no los dejaría entrar o los mandaría a fumar al balcón aunque la nieve les llegara a las bolas… y recién ahí, después de un año de charlar casi todas las noches, después de habernos contado más disparates exagerados que reales, - porque los disparates escritos son muchísimo peores que la realidad -, recién ahí se dieron cuenta que yo, efectivamente, no fumaba.

Gran silencio por unos momentos, o sea, nada en la pantalla durante varios segundos (eso se llama 'silencio', ¿tamo?). La más corajuda, una argentina que vive en Grecia, muy hábil para usar la tercera persona que el programa de chat te proporciona, dijo: “Patora mira a Duvija a los ojos, con gran desconfianza.” Ella es Patora, yo soy Duvija. Sí, claro, sabemos nuestros verdaderos nombres, nos hemos pasado fotos desde la infancia hasta la cruel gordura o calvas peladas según el caso, pero cuando estamos en el chat, los nombres elegidos son indispensables. Es esa parte de la personalidad que no podemos separar.

El Juano de las Canarias no me dio bola con lo del cigarrillo. LaMaga de Argentina, que vive en Chicago, declaró que se iba a fumar un pucho y largarme el humo a la cara y Rhul - argentino, curiosamente viviendo en Buenos Aires- que había decidido fumar sólo en el baño para ver si lograba acostumbrarse a la diferencia de tener un apartamento sin olor, me preguntó con un tono que aunque escrito se veía el horror: “¿En serio no fumás?”. "No", dije, "fumaba algo a los 16, 17 años, hasta que me di cuenta que era para poner contento a un novio", pero poquísimo tiempo más tarde acepté la cruel realidad que el olor me daba asco, casi tanto como el gusto. El del cigarrillo, no el del novio, porque éste me abandonó pronto por una gordita menos inteligente y quedé casi dos años derrotada y convencida que jamás iría a tener a alguien cerca mío. Que yo era fea, boba y aburridora y que … pero ahí me di cuenta que eso no les interesaba ni en lo más mínimo a mis nuevos contertulios, ya que sabían esa historia y mis subsecuentes matrimonios, o sea que no podría lograr convencerlos que realmente, a los 16 años, yo había sufrido legítimas penas de amores.
-“Y entonces, qué hacés?” dijo Rhul, seguro que yo algo ocultaba.
-“Arrollo papelitos”, dije con toda naturalidad, ya que como me conocían tan bien, ya tendrian que haber sabido que siempre arrollo papelitos.
Cuatro líneas en mayúsculas aparecieron en la pantalla .
¿¿¿QUE???
¿¿¿QUE???
¿¿¿QUE???
¿¿¿QUE????
-“Arrollo papelitos”, dije de nuevo, pensando que no me habían entendido la letra, que ya sé que cuando escribo rápido mi letra es una porquería. Recién entonces me dí cuenta que eso, ese detalle, jamás lo podrían saber. La inhumana computadora, impide trasmitir esos problemas.

“¿Qué es eso”?, preguntó Rhul.
Me dejó helada. Que no supieran que yo arrollaba papelitos, vaya y pase. Pero que ni supieran, en general, qué es ‘arrollar papelitos’, eso ya era demasiado.
Que no supieran que… bueno, respiré hondo y les empecé a explicar que claramente el mejor material (dado que ya los boletos de CUTCSA no existen) era el que se usa acá como forro de pajitas, de ese papel Biblia con que vienen enfundadas en este primer mundo para que no sean tocadas por otros dedos asquerosos sino solamente por los propios, esos tubos cerrados con una costura tipo arraviolada a un costado, borde que primero hay que eliminar y arrancar con un cuidado excepcional para no herir lo interno del papel... Después de varios minutos de angustia y esperanza aparece el tubo abierto, un rectángulo liso, blanco, impecable, listo para ser tomado por una puntita y arrollarlo de forma bien apretada hasta que quede como un escarbadientes.

A partir de ese momento se pueden usar las variantes: arrollarlo desde los dos extremos diagonales a la vez, correrlo dejando un lado más grueso que el otro pero sin llegar a – y esto es muy importante – sin llegar a que se forme uno solo (eso sería repetir la primera acción, la de hacerlo escarbadientes), invertir los ángulos pretendiendo que es un papel virgen nunca arrollado previamente en la otra dirección, luchando contra las intenciones aviesas del maldito que cree que tiene un solo sentido de arrolle…

Estaba así meditando, dándome cuenta del gran silencio de mi pantalla.
-¿Arrollar papelitos?- dijo nuevamente Rhul, más descreído que antes. “Duvija, tendrías que hacer algo más filosófico.” Le contesté que no fuera idiota, que no había cosas más filosóficas que arrollar papelitos y que además tenían una utilidad más allá de lo elemental, ya que cuando voy a la casa de alguien y no hay gente, no tengo que dejar notitas apuradas, sino simplemente insertar un papelito arrollado en la cerradura y así mi presencia queda anotada sin más preguntas.

“Si, más filosófico”, dijo Rhul, nuevamente.
“¿Como qué”?, inquirí con un cierto asco que todos notaron.
“Llevá un huevo”. “En una mano”. “Y a cada ratito lo mirás así, de costado, para asegurarte….”
No soy de reírme y mucho menos sola, frente a una pantalla rectangular. Pero esa sugerencia me descangalló. Me puse a reir y llorar y patear como nunca antes. Un huevo! ¡Ese hombre pensaba que un huevo podía desplazar el placer de arrollar papelitos!

Pero debo confesar que la idea me encantó. Y sobre todo me di cuenta que mis íntimos amigos virtuales tenían un gran sentido del humor, que no eran únicamente esos amigotes del cafelapaz de Undernet donde nos reunimos a chatear siempre que podemos, cada uno con su Coca Cola, su café, su pucho, su papelito, su huevo, sus manías, sus anuncios de tengo que ir al baño espérenme no cuenten nada hasta que yo no vuelva, en fin, mis ahora reales amigos del café.

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(Esto lo escribí hace unos 11 años. Recuerdo que Jorge lo leyó y su primera crítica fue mi uso de la palabra 'chatear' y me insistió en que hablar de grupos de amigos en internet necesita una larga explicación. Por suerte, el tiempo se encargó de eliminar esos problemas).

Monday, December 27, 2010

2010 - taximetrista sudanés

Subject: el taxista de ayer (Dec.2010)

No hay caso, no hay gente nacida en los EEUU que maneje un taxi. Ayer fuimos a comprar ropa para Malalo y a la vuelta hubo que pescar uno porque no nos daban las patas (y además yo seguramente camino torcida gracias a mi hombro partido en cuatro, por lo que una pierna me duele más que la otra, sobretodo en los días que voy a fisioterapia, que es de una tortura magistral).

Bua, que el taxista tenía un acento raro (como absolutamente todos los taxistas de acá, pero éste sonaba todavía más raro que los tradicionales árabes), y nos preguntó de entrada si estamos jubilados y si estamos comprando regalos para los nietos. Dijimos que sí y chau.

Y le pregunté de dónde era él. De Sudán. Nunca nos había tocado alguien de Sudán. Y éste encima estaba politizado y nos preguntó si pensábamos quedarnos acá o volver a Uruguay (el hombre tenía una vaga idea de que Uruguay quedaba en Sudamérica). Dijimos que no sabíamos y nos dijo: "no, aquí en este país hay que vivir unos 10 años para juntar plata y volver al lugar de origen". Que él va a esperar que los hijos terminen el high school y consigan un trabajo y de allí en adelante, que se las arreglen solos porque él se vuelve, dijo. Y aclaró: "porque acá todo es capitalismo, y eso no sirve".

Por suerte no vivimos lejos, o nos cantaba La Internacional. Le deseamos Feliz Navidad igual.

Y para todos Uds. también!!!

elisa/uruguay/chicago

2000 - para la muerte de un profesor-amigo Jim McCawley

Esta primavera llegó algo tempranera, por ser Chicago. Esto significa que las alergias llegaron antes que de costumbre. Y ahí andamos, escupiendo, rascándonos las gargantas por dentro, con esos rugiditos que a mi marido le salen tan bien y a mí me ponen tan nerviosa, porque se pasa haciendo eso en el auto y yo siempre pienso que es el motor que se está pudriendo. También significa que en lugar de reventar todo con flores y verdor de un día para el otro como suele suceder, van saliendo lentas y hasta se ven crecer. Nada esta mañana, alguna esta tarde y al otro día un tulipán está afuera, y los demás vienen viniendo así, como si tuvieran tiempo. Y los brotes de los árboles también, de a pocos por vez, para alergizarnos mejor. Pocas veces vi tanto brote, y no hay hojas grandes que los tapen, porque no están afuera todavía.

Esta primavera me preocupó. Demasiado linda, demasiado antes. Pensé que algo tendría que pasar, algo malo, claro. Y pensé en los pocos amigos que tengo y que quiero, pero nunca pensé que iría a pasar lo que pasó. Alguien a quien yo quería mucho, tenía que morirse. Y se murió. En el medio de la calle, de la noche, a unas cuadritas de casa, lo encontraron muerto, tal vez como siguen diciendo, de un ataque al corazón. Mi profesor, amigo, uno de los personajes más irredentos de la historia de mi vida, muerto. Todavía le sigo mandando forwards cuando llega algo interesante sobre español. Todavía tengo en la heladera el bacalao para la comilona que un amigo zamorano iba a preparar para Jim en casa, justo el día de su entierro.

Primera vez que voy a un velorio y entierro de alguien a quien quise. Nunca había visto un cajón abierto, donde los maquilladores destruyen la verdadera cara y ponen otra para que los que lo vean no sufran tanto, supongo. El Jim de pelo eternamente largo y mugriento, ahora limpito y peinado. Las cejas volantes, peinadas y pegadas para prohibirles volar. El bigote revoltoso, cortadito y también pegado a los costados de una cara, ahora lisa, sin los agujeros de granos y viruelas que siempre tenía.
Él, que llegaba a las clases después del mediodía, siempre en bicicleta, recién afeitado y con los pedacitos de papel higiénico ensangrentados pegados a la cara, ahora lisa y sin sombras. ¿Le hacen la cirugía estética a los muertos? ¿Y les ponen ropa limpia, esa que nunca usaron? Jim con saco y corbata, sin olor a fritanga china ni manchas en los buzos demasiado chicos por los que se asomaba la panza, la raya del culo y los calzoncillos a lunares verdes cuando se agachaba a dibujar velozmente un árbol sintáctico hasta la parte de abajo del pizarrón. Un Jim mudo, sin su acento escocés y tartamudo, sin el ejemplo de sintaxis más disparatado del siglo, sin el brillo en los ojos preparando el chiste que siempre le iba a salir en los momentos más inoportunos, como por ejemplo, durante su velorio, en ese cajón, serio y limpio.

Nunca lloré a grito pelado como esta vez. Era un sábado de noche cualquiera, de esos en los que mientras mi marido lee, yo estoy en la computadora, leyendo mail y charlando con íntimos amigos desconocidos. De repente un mail del decano de lingüística, aparece con “Una triste noticia. La policía acaba de encontrar a James McCawley muerto en la calle, aparentemente de un ataque al corazón”. El alarido me salió solo. No fui yo, fue mi garganta alergizada. Mi marido vino corriendo a ver porqué yo no podía ni hablar. Leyó el mail que todavia estaba en la pantalla y me abrazó. Él sabía cuanto respeto y cariño había en mí hacia ese hombre. No creo haber llorado tanto por mi papá. Jim tenía sólo 61 años. Y un dia antes habiamos estado discutiendo el por qué se dice “El ganador soy yo”, o “Ni tú ni yo ganaremos la pelea”, cambiando la persona o el número del verbo sin preocuparnos. Y yo recién había recibido unos datos nuevos de mi lista de lingüística en español que explicaban algo, aunque complicaban más la teoría.

Ese Jim, no podría estar muerto. Él, a quien yo creía el hombre más feo del siglo, hasta que mi suegra un día lo conoció en una esquina, mi suegra tan delicada, pero que sin poderse contener dijo: "Encantada! Pah, este sí es un hombre. Qué bueno que está!" Ella no sabía que español era uno de sus idiomas favoritos, tanto como otros doce idiomas más.

Llamé a las doce de la noche al decano y descubrimos que teníamos que organizar entierro y velorio, ya que Jim sólo tenía dos hermanas, no demasiado cerca de Chicago, y después de la casa funeraria necesitábamos un velorio estilo americano, donde todos se reúnen en una iglesia (aunque Jim era anarquista a muerte) a contar cosas divertidas y celebrar la vida del muerto. Si, con el cajón ahí mismo, antes de cremarlo, que eso era lo que él había dejado escrito en algun lado. Y después, a un salón de clases, a festejar con gran comilona.

Los días siguientes fueron el revoltijo que todavía tengo en la cabeza. Muchos estudiantes nos fuimos al lago al día siguiente, al Point, sin citarnos, a medida que nos íbamos enterando. Era el lugar natural. Y por supuesto, el tiempo fue cambiando. La primavera dio paso al invierno que todavía quedaba, el frío, el viento, la lluvia, tan lógicos atacaron como correspondía a los sentimientos que nos iban llenando. Lloramos, gritamos, hicimos una ceremonia yoruba mandando al lago una vela encendida montada en un platito de cartón, lloramos más y nos fuimos a ver qué se podía hacer para sobrevivir ese golpe insólito.

Pasó la casa funeraria, pasó el 'memorial' a cajón abierto donde todos, unos 200 entre estudiantes, profesores y familiares, lloramos con la boca abierta, sin vergüenza, sin miedo, con esa fuerza que solo el llanto colectivo y la lluvia a torrentes podía darnos. Y fuimos a celebrar, con música escocesa y comida thailandesa, con imitaciones a su estilo y sus dichos, con grupos en rincones llorando, contrarrestados por grupos que se reían a carcajadas cuando alguien recordaba alguna de las travesuras de James McCawley, uno de los lingüistas más famosos del mundo, de quien todos creíamos ser su único mejor amigo pero descubriendo que cada uno lo había sido por igual.

Ya pasó una semana, el tiempo sigue siendo desagradable, lluvioso, de un inviernito tipo Montevideo, y seguimos calados hasta las alergias, sin poder olvidar a Jim ni por un minuto. Aunque el dolor, si, creo que el dolor profundo está empezando a pasar. Y sabemos que va a tener que dejar de llover, porque esto es una porquería, porque sabemos que simplemente, va a pasar.

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(Ésta fue la respuesta de JorgeVarlota/MarioLevrero al día siguiente después que le mandé este cuento, en medio de un taller de literatura por e-mail. Lo agrego aquí para masajearme el ego, naturalmente).

Elisa, dejate de joder y andá pensando seriamente en dedicarte a la
novelística. Este ejercicio es una joya. No tengo palabras... Así es como
hay que escribir.

Cariños, ML
jvarlott@adinet.com.uy

2010 - de cementerios

Cuentos de cementerios.

No es fácil contarlos sin explicación previa. Si yo dijera ‘mi papá era un idishista’, los que entienden la cosa sabrían que eso conlleva toda una línea política: pro-idish, anti-hebreo, anti-zionista, anti-religioso, de izquierda desde la revolución rusa (tal vez perteneciente al Bund) y molesto por la relación EEUU-Israel. En realidad, molesto con todo lo referente a Israel.

Disgresión: En 1984 mi papá me llama a decirme ‘tengo que hablar contigo’. Yo había llegado a Mdeo. después de muchos años afuera y ese llamado de mi papá me congeló la sangre. Podía esperar cualquier disparate, dada la seriedad del mismo. Fui a verlo y me dijo, con un gran suspiro: “Sabés, parece que tenemos que aceptar que Israel existe”. ¡ Era 1984!

Pero vuelvo al tema anterior:
No sé qué porcentaje de judíos uruguayos forma el grupo al que me refiero, pero solía ser bastante amplio aunque ahora va disminuyendo poco a poco porque las nuevas generaciones, aunque mantengan la idea política, ni saben idish ni tienen la menor intención de proteger el idioma. Y ahora también están más cerca de judíos pro-Israel.

Bueno, esos ‘judíos progresistas’ (así se autodenominan) tienen un club. Llamarlo ‘club’ no es hacerle un favor, porque tendría que quedar claro que no es solamente un lugar de reunión, sino que es escuela + teatro + coro + bailes + charlas culturales + deportes +a ctividades políticas internas y externas. O sea que funciona todas las noches después de la cena, y los fines de semana completos.
Y como es de costumbre en la colectividad, esos mismos grupos judíos tenían su mutualista, su banco, y su… cementerio. No sé muy bien qué queda de lo demás, pero lo que aún existe, bien seguro, es el cementerio. Está situado en La Paz, cosa casi tan graciosa como que la cárcel de hombres quedaba en Libertad. En La Paz del Señor, aparentemente.

El club fue un lugar creado con el sacrificio monetario de todos los participantes. Para poder conseguir un préstamo bancario, el club – Zhitlovsky – necesitaba tener a alguien que legalmente fuera dueño de semejante cosa y en ese momento mi papá fue un dueño razonable. Total... Gran susto cuando llegaban los impuestos anuales a mi casa, hasta que al fin lograron convertir el club en organismo cultural sin dueño fijo.

Hubo clubes alquilados anteriores, con diferentes nombres, donde los judíos de izquierda mantuvieron su cultura. En cierto momento, ya cuando pasó la guerra y los inmigrantes no tenían problemas económicos demasiado apremiantes, decidieron construir un edificio con todo lo necesario.

El nuevo edificio se terminó de construir en 1949 o 50, con hipotecas sacadas a largo plazo. Pero no había plata para levantar esas hipotecas. Hubo un año, recuerdo muy bien, en que mi papá y todos sus compinches andaban locos porque vencía una por $10.000 (vaya a saber cuánto sería eso en moneda actual) y no había de dónde sacar semejante cifra.

Como dije, el cementerio judío estaba en La Paz. Extrañamente, a pesar de ni hablarse con los judíos religiosos, los cementerios están unidos. Digamos, están en el mismo predio, pero con entradas independientes y bastante diferentes de aspecto. Como que la religión, o falta de ella, se nota. Al frente está el ‘noistro’ y atrás el religioso. Por lo general, todos entran por el ‘noistro’, así no tienen que dar toda la vuelta.

Y llegó la bendición divina (no puedo entender cómo los no-religiosos no dudaron de su dogma en ese momento.) El hijo de una de las familias judías más ricas de Uruguay, se suicidó. Un suicidio de por sí, es dramático, pero la ferocidad con la que el judaísmo lo condena es atroz, tanto que los hermanos/as del suicida tienen dificultades para casarse ya que nadie quiere traer a su familia a personas que tengan lazos de sangre con un loco. Encima del horror de tener un hijo muerto, la religión impone un castigo severo a sus familiares en el mismo día del entierro. Tienen que enterrarlo fuera del cementerio, perpendicularmente, con los pies apuntando al mismo y la cabeza lo más alejada posible.

La auto-muerte del hijo del rico fue recibida con un respiro de alegría por parte de los miembros del club. Como era costumbre, ‘noistro’ cementerio aceptaba sin problemas enterrar suicidas, con los pies apuntando hacia la parte religiosa del lugar. El consuelo para la familia era que, al menos, estaría en un cementerio judío - treif pero judío al fin y al cabo - y no en campo abierto. Y esa vez, mi padre se encargó de los arreglos correspondientes. No se sabe qué se dijo. Fue algo así como el encuentro entre San Martín y Bolívar. El padre rico del muchacho tuvo que levantar la hipoteca del Zhitlovsky. Y lo hizo casi sin discutir. O al menos, así me lo contaron.

Esa no fue la única vez que se usó el cementerio para obligar ciertas actividades. Un judío del Zhitlovsky murió, y para gran sorpresa de todos dejó como último pedido, que un rabino cantara durante su entierro. Aunque furiosos con el pedido del muerto, respetaron sus deseos y fueron a hablar con el rabino, que simplemente se rió y los sacó a patadas.

Llega el domingo (día en que se entierran más judíos, y esto está estudiado estadísticamente, ya que mueren en días tales para que el entierro caiga en domingo, no se sabe por qué), hay que enterrar a ‘noistro’ muerto y siguen sin poder encontrar rabino cantor. Toda la familia, amigos, bañaderas llenas con conocidos (sí, casi nadie tenía auto, por lo que el estatus del muerto se contaba por la cantidad de bañaderas que la familia tenía que alquilar para que los amigos pudieran ir. Recuerdo esos viajes, por lo divertidos.) están en La Paz con el cajón, y sin rabino.

Y en ese momento, llega un entierro de los religiosos. Nuestra gente, - y que conste que eran hombres y mujeres, por igual - ‘di jevre’ (creo que la mejor traducción es ‘la barra de amigos’, pero conlleva el sentimiento de ‘la unión hace la fuerza’, cosa que acerca la definición a ‘la mafia’) inmediatamente planifican el asunto. No tuvieron ni que discutirlo. Se miraron entre sí, y supieron lo que había que hacer.

Los entierros religiosos, como ya dije antes, en lugar de dar toda la vuelta y entrar por la puerta de atrás, usan la puerta ‘noistra’ para cortar camino. En ese momento entra el cajón, el rabino, y antes que pudiera pasar toda la familia, ‘di jevre’ se coloca hombro a hombro, en varias filas y tomados de los brazos, para cortar el camino a la comitiva. Gran escándalo. Nadie puede pasar, el muerto una vez que entró al cementerio no puede volver al mundo de los vivos, la gente llora a gritos, pero ‘di jevre’ no se inmuta. La flia. pregunta qué se puede hacer y los participantes del muro humano dicen ‘queremos que el rabino le cante a ‘noistro’ muerto’. El rabino se niega de nuevo, pero la familia del muerto religioso lo amenaza de tal manera que el pobre acepta cantar donde le pidan. Y se hace la paz.

Algo que me intrigó fue por qué el gobierno militar permitió que quedara el cementerio tal como estaba. Las viejísimas tumbas, elaboradas en piedra, lucen la hoz y el martillo y a veces alguna palabra en idish, esculpida, (como ‘sholem’).
El mismo club Zhitlovsky no tuvo esa suerte. El gobierno lo cerró por muchos años y solamente reabrió, plagado de humedades y rajaduras, ya muy cerca de la caída de la dictadura, con conversaciones a través del consulado israelí. Pero a pesar de haber prohibido toda actividad en un edificio normal, la dictadura no se atrevió siquiera a tocar las tumbas con símbolos prohibidos. La fuerza de la muerte puede con todo.

2010 - piscina en club nuevo

Fri, July 30, 2010 5:51:30 PM
Historias que ni lo son...

No sé por qué, pero siempre pensé que no soy un ser muy sociable. Sí, no me cuesta hablar, pero tampoco soy la reina de la alegría, salvo que esté medicada, faltaba más. Aunque con o sin medicación, muchas veces me dijeron que soy 'the life of the party', cosa que me entristeció al pensar en la poca vida interior de los comentaristas.

Mi amiga Sonia, que vino este año a Chicago para el nacimiento de una nieta, fue la que insistió en describirme como 'qué sociable sos'. La miré con cara rara y dijo algo como 'en Chicago todo el mundo te conoce y te abraza a los gritos'. Bueno, no todo el mundo. Cuando ella vino, fuimos a un museíto en H.Park donde trabaja una gran amiga de nuestro hijo Gastón, que vino muchas veces a casa (la amiga, no Gastón). La hice llamar y cuando me vio, vino corriendo y me abrazó a los gritos. Pero esa es Sarah, y eso es normal para ella.

También hace un tiempito en la farmacia, la farmacéutica de turno me saludó eufóricamente. No es que yo me pase la vida comprando remedios, (o tal vez sí) sino que ella solía trabajar en la farmacia de Hyde Park donde vivimos durante 19 años y a ella justo la cambiaron de local a nuestro nuevo barrio, cuando nos mudamos para el South Loop. Y por supuesto, nos reconocimos, en medio de malones de gente desconocidísima. Manuel sacudía incrédulamente la cabeza, mientras nos saludábamos como si fuéramos íntimas...

Hoy fui al nuevo gimnasio - no sé si saben que mi vecina (Kaganove), que debe ser hiper-activa y anda cerca de los 80 años, decidió que hacer gimnasia con pesas dos veces por semana no es suficiente. Que necesitamos más cardio. Y que cardio en piscina, era lo indicado. Pero la del viejo club al que vamos, es un asco de mugrienta. Y entonces nos fuimos a un gimnasio nuevito, justo a la vuelta de casa. Con una piscina linda, limpia, poco oliente. Y enorme jacuzzi, baños de vapor y sauna. Y un aparatito para escurrir el traje de baño, así no chorrea en el bolso. Varias salas y pisos llenos de máquinas relucientes. Con guardería, restaurante, y 'spa', o sea masajes, cortaduras de pelos, teñidos, etc. Descubrimos que cobran lo mismo que el otro, el viejo y algo sucio que nos queda a unas 6 o 7 cuadras de casa, cosa que en invierno y verano hace falta tener un ataque de heroísmo para caminarlas y por supuesto, se sienten. Este queda al menos a una sola cuadra.

Bua, que hicimos los arreglos administrativos y pagamos con grandes descuentos todo un año por adelantado, que vale por dos (era la promoción de esa semana). Mi vecina, muy contenta, de golpe se dio cuenta que pronto ella iba a tener 80. Y como siempre, dice: 'a mi edad, ya no compro ni bananas verdes' pero decidió que anotarse en un gimnasio por dos años era... ¡por supuesto! perfectamente razonable.

Debido a una brutal tormenta la semana pasada, el edificio donde está el gimnasio antiguo se inundó totalmente. Es River City, del mismo arquitecto que el de las Torres Marinas. El río pasa por el costado y desbordó, inundando todo el sótano donde tienen todo el sistema eléctrico, el de agua y el gimnasio y además el garage de todos los edificios. Evacuaron a los residentes (son más de 200 aptos.) y cerraron todo. Van a demorar en secarlo y repararlo. Pero no importa, porque ahora tenemos también el gimnasio nuevo.

Esta semana ando sin vecinos, ya que vinieron de visita el hijo, mujer y nietos, por lo que ella decidió cocinar todo el tiempo y no ir a gimnasia. O sea que quedé solita y fui a todas las clases que pude de aquaerobics. Me gustan.

Hoy de mañana fui temprano y como no tengo todavía incrustada la cercanía, descubrí que no tengo que salir de casa 15 minutos antes, porque entonces tengo que esperar casi 10 al costado de la piscina. Ahí estaba yo, esperando, cuando entró una robusta mujer negra, con aspecto a haber vivido una vida en base a Kentucky Fried Chicken. Y empezó a preguntarme detalles de la clase, como si durante el ejercicio había que hundir la cabeza y le dije que no, que por ahí mismo teníamos que transpirar, a lo que dijo ‘ah, qué suerte, porque me dijeron que con la clorofila, el pelo estirado se estropea’. Es que en Chicago la clorofila en las piscinas parece ser bien brava. Y me aclaró que era la primera vez en ese gimnasio para ella y que no sabía si aguantaría, pero que tal vez, si lo lograba y además cuidaba su dieta, 'then I could stop my medications. You understand'.

No, yo no tenía por qué entender ni saber de qué la medicaban, pero dado su peso y grupo social, seguro que lo que tiene es diabetes. Asentí y me metí al agua, que al principio está más bien helada, pero con el ejercicio, si fuera más caliente, no aguantaríamos.

La mujer me pregunta mi nombre, yo el de ella (se llama Wanda) y me mira y dice "When I saw you, I knew you was (sic) friendly. Because you smiled. People here don't smile often". Ahí me acordé de lo que me había dicho Sonia. Y me puso contenta.

Y esa fue una historia, que no lo fue.

Lo que me lleva al interesante tema del racismo en los EEUU. Es complicado. Yo soy de las que piensa que en Uruguay hay tanto racismo como en todos lados, pero también sé que los uruguayos insisten en que eso no es cierto. Salvo que cada tanto se mandan sus regias metidas de pata, pero siempre con la misma negativa a aceptar su racismo.

Es cierto que no tenemos 'historia de racismo' por el asunto de haber tenido pocos esclavos y por haberlos liberado bastante temprano, pero de ahí a que podamos llamar a un negro 'negro', y que eso no signifique más que cariño, hay un gran paso. Como receptora de comentarios muy racistas, puedo asegurar que nadie es totalmente inocente.

Como ejemplo, hace poco, una persona vagamente amiga, de Mdeo., se dispuso a comentar los problemas médicos que llevaron a alguien conocido a morirse en la Mutualista Israelita del Uruguay (MIDU). Según ella, el díagnóstico estuvo mal y ... ahí largó sus verdaderos pensamientos: "Mirá, vos sabés que yo ... pero qué querés, en la mutualista esa son todos judas. No quisieron gastar en hacerle los análisis necesarios y por eso XX murió". (El muerto era Alfredo Zitarrosa, y supongo que todos lo conocen al menos de nombre).

No lo dijo una sola vez. Se lo escuché dos veces en dos días seguidos. Y siempre con eso de 'vos sabés que yo...'. Faltaba que dijera 'ah, judíos, sí, mi compañera de banco era judía' (todos alguna vez escuchamos frases así). Milagros de la vida.
No, si alguien dice "en la mutualista son todos judas y no gastan si pueden", eso es racismo, les guste a los uruguayos o no. No es que al pobre finado le haya tocado un médico malo, de cualquier nacionalidad, sino que simplemente decía que el ahorro de los judíos los llevaba a matar gente.

Otra amiga optó por un comentario diferente. Hablando de Condoleezza Rice, la de Bush, de quien ni recordaba el nombre, dijo "Ah, esa negra de mierda...". Cuando vio que algunos la mirábamos con cara dudosa, se defendió diciendo "ah, no, aunque no hubiera sido negra, ¡igual sería de mierda!". No lo dudo. Pero ella nunca hubiera dicho 'esa blanca de mierda'.

Confieso que aprendí en los EEUU lo que es el racismo. Mientras viví en Uruguay, yo también pensaba que 'nosotros no éramos'. Lo somos. Tanto como los peores.
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Ya en el 2012, agrego unos comentarios más, dentro de este mismo tema:

Ampliando el círculo de mis amistades.


Ya en el 2012, y sigo encontrando gente interesante. Los agrego acá porque si no, quedan desperdigados en blogspot.

Recuerdo mi último viaje a Uruguay, donde algunos pasajeros se pusieron recontra densos y la azafata se las aguantó con una sonrisa. Al ratito salté a gritarle a una mujer que estaba rompiendo las bolas y defendí a la azafata, que era fantástica. Para ese trabajo hay que tener una paciencia infinita. No es tema interesante, pero a veces no podemos arreglar el mundo. Y me fascina ver los nudos en los que la gente se mete.

Bua, que el avión no pudo despegar porque fallaba el aire acondicionado. Estar en esa lata, esperando cerca de dos horas en la pista, hasta que lo arreglaron, no fue agradable. Todos sudando y con ganas de ahorcar a quien fuera. Y una buena señora del asiento del medio quiere mover el respaldo hacia atrás para poder estirarse un poco. Nada, el respaldo ése no se movía. Llamó a la azafata a quejarse por tal problema técnico, y la azafata dijo que sí, que veía que ese respaldo realmente no se recostaba. Y ahí empezó a gritar la pasajera, que cómo puede ser! que nada funciona bien! y que cómo era que la hija no podía estar sentada en la fila de ellos! En la fila hay solamente 3 asientos y ellos eran 4. La topología indica que no es culpa de nadie que no se puedan sentar 4 juntos. La señora estaba en el centro flanqueada por marido e hijo. La azafata sugirió dos soluciones: que la señora pasara a la fila de adelante, al asiento vacío al lado de su hija, que además sí podía recostarse y con eso solucionaba totalmente sus problemas, o que su marido o hijo se cambiaran de lugar con la hija. No hubo caso. La mujer empezó a gritar que cómo la iban a separar de su flia. de tal manera, y que su hija no podía cambiarse de lugar con esos familiares, porque estaba enferma y no querían que se moviera de su asiento. La azafata siguió tratando de sonreir, pero las manos le estaban tomando forma de ‘ya te ahorco’. Dado que había otros 300 pasajeros en el avión, todos con dramas, no pude aguantar y le sugerí delicadamente a la señora que se dejara de joder. De ahí, vi que la azafata era una mujer genial, que lograba calmar a todo el mundo. La quiero nominar para el Premio Nobel de la paz.

Al salir, le pedí su nombre, para poder mandar un correo a American Airlines, agradeciendo que tuvieran gente como ella. Me abrazó y me escribió su nombre, y hasta preguntó cuándo volvíamos, para ella poder tomar turno en ese vuelo. No sé por qué me dio tanta alegría. Es una anécdota liviana, pero a veces necesitamos apoyarnos entre nosotros. (La azafata era negra y gorda, por lo que soy incapaz de recordar su nombre, dado que la manera de escribirlo y de pronunciarlo no tienen ninguna relación entre sí).

Una amistad más sincera es la que tengo con la cartera que trae el correo a casa. Sí, ‘cartera’ porque me niego a llamarla ‘la cartero’, como se sugiere decirlo en español. La señora también es vieja, gorda y negra. Eso significa que tiene diabetes. Me gusta charlar con ella. Algún antropólogo iría tomando notas. A veces me encantaría tener un grabador escondido. Un día me pidió si podía entrar a calentarse la comida en el horno de microondas para después comerla en su camión de correos. Por supuesto, le dije que más valía que comiera en casa, donde estaba calentito y cómodo. Aceptó y desde ese día viene y toca timbre. Ya sé qué días viene a comer y le preparo cosas que le gustan. Dice que todos los carteros de Chicago me conocen, porque ella habla de mí y mis comidas judías. Niños envueltos dulces, (holoptzes) digamos. Ningún otro cartero logra comer en casa de algún habitante de por acá. ¿No es interesantísimo saber que los carteros de semejante ciudad me conocen? Chicago tiene una imagen tan fría, pero no lo es. Y hacerse amigo de carteros no es fácil. Debe ser el tal aquelarre. Por alguna razón, los empleados de correos son los que más asesinatos cometen y tienen el índice de suicidios más alto del país. Incomprensible.

Un día ella me preguntó sobre mi vida y me empezó a contar la suya. Su marido tiene 72 años y maneja un camión de reparto de paquetes del mismo correo central donde ella trabaja. Le gusta tanto ese trabajo que no quiere jubilarse, y ni siquiera se tomó vacaciones el año pasado. Eso significa que le queda plata a cobrar, por esas vacaciones no tomadas. $ 600 dólares. Y ella dice que esta vez él no los quiere gastar, sino invertir. – ¿En qué? – En carreras de caballos, que además es su hobby favorito - aclaró.

Me costó no hacer gestos de terror. Le deseé suerte, claro. Dudo que la inversión le haya dado resultados positivos.

Otro día me contó una historia complicadísima de toda su familia, donde una sobrina había quedado embarazada de su novio/primo pero dijo que era de uno de sus tíos, y se casó con él. Ahora se separaron y la chica quiere que su hija sepa quién es realmente su padre biológico, pero el relajo es tal, que no saben por dónde empezar… El problema surgió porque a un familiar se le ocurrió hacer un árbol genealógico, y no hay modo de resolver el asunto en forma gráfica. El tal árbol. Y la historia contada en inglés negro, más fascinante aún. Lamentablemente, no lo pude grabar.

Y sigo coleccionando historias de amigos, vecinos y desconocidos totales. Por más que este país sea famoso por la falta de lealtad, porque los amigos se mudan y no duran, tampoco es difícil encontrar gente interesante y pasar buenos momentos.

2009 - idish secular

El domingo pasado tuve uno de mis tantos enredos con la judeidad. Fui a una charla que daba una mujer sobre ‘Pioneros apasionados. La historia del idish secular en la educación en los eeuu desde 1910 a 1960”. La señora era Fradle Pomerantz Freidenreich (ú séase ‘Freidl’, por si quieren verificarlo).
Dado que el tema era ‘idish secular’, el acto fue en una sinagoga (faltaba más) del barrio más judío de Chicago, que es Skokie. La sinagoga central de Skokie fue elegida por ser la del salón de actos más grande. Y además con salón de fiestas adosado para, después de la charla, comer las tortitas kosher y el café en vasos descartables, para estar seguron que ahí nunca se mezcló fleishik con milkhik.

A esas cosas voy desde que me hice amiga de alguien que decidió dedicarse a hacer crítica de cine (la conocí cuando todavía era una enérgica consultora para computación de planes hospitalarios). Logró medio meterse a prepo en cine y publicar comentarios de películas en un diarito judío escrito, naturalmente, en inglés. Y para encontrar su nicho, siendo feminista , se dedica a buscar películas escritas o dirigidas por mujeres. Si son judías, mejor. No es que mi amiga sea muy judía, pero su madre lo fue por un tiempito.

Ahora bien, en los últimos años se puso más judía y entró al directorio del YIVO (donde hace tiempo me hinchan conque tengo que entrar, cosa a la que me niego por razones de exceso de bolas pesadas).
Y ahí fuimos, a la sinagoga a más de una hora de viaje, apenas después del mediodía, a escuchar la charla de Freidl. El tema era interesante y la mujer, buena gente. Y como escribió un libro sobre ese tema, lo tratarían de vender a la salida, con el agregado de un CD con música de canciones de campamento en idish que acá son imposibles de conseguir.

Me ahorro la explicación de la larga cola de judíos que iban entrando por orden de enfermedades. Primero los del tanque de oxígeno, después los de los andadores, los bastones, los normales, y al final los de silla de ruedas, que no necesitan asiento. Todo como siempre.

Cuando el salón estaba ya a medio llenar, decidieron poner en un tocadiscos el CD con las canciones. La primera era ‘Arum dem faier’, que no escucho desde hace 32 años. Por más que tratamos (una mujer de Argentina y yo) de tratar de cantarla con la gente de mi grupo de literatura idish, no hay caso, no la conocen y dicen que nunca la escucharon. Claramente, es canción de campamento y los que nunca fueron, la desconocen.

Fue realmente un golpe emotivo escuchar esa canción. Y dos mujeres en la misma fila que yo (la segunda fila, cosa que es importante para lo que sigue), se largaron a cantarla. Yo también. Y casi la mitad del auditorio también la cantó. Me di vuelta, sin creerlo. Nunca me había pasado tener algo, aunque sea ‘algo’ en común con toda esa gente. Grandes aplausos, y empieza la segunda canción, que resultó ser La Internacional, en idish. Las mujeres de al lado mío prorrumpieron en canto y yo también.

Se me ocurrió darme vuelta a ver otra vez cuánta gente la estaba cantando, pero me encontré con el panorama de unas 300 personas mirándonos con cierta cara de furia contenida. Apenas terminó, se me acerca una mujer que andaba por el medio, que con el dedo en alto me increpa “- ¿Cómo puede ser que sepas la Internacional en Yiddish’? (en realidad, lo dijo en inglés, donde no hay diferencia entre tú/vos/Ud, por lo que no sé cómo traducirlo correctamente al castellano. Decidí que el ‘vos’ es posible).

A esa altura, pongo una sonrisa bobalicona que no me da ningún trabajo y permanezco con la boca bien cerrada, como a la espera de alguna explicación (hay toda una teoría en lingüística de cómo se da el ‘tomar la palabra’ y cómo dejar que el otro se entere si estás dispuesto a contestar o no). Mi disposición aclaraba que yo todavía no pensaba hablar. Y ahí viene la segunda frase de mi interlocutora: “Yo la sé cantar, ¡pero en hebreo!”.

Claro, quedaba mal reírse, pero Uds (los que leen esto, que creo que se conocen casi todos entre sí y que saben bien la discusión idish/hebreo y todo el batifondo político que trae consigo) ¿se dan cuenta de la cantidad de niveles que tenía esa pregunta? ¿Qué quiso decir la mujer? ¿Que ella era de izquierda pero sionista? ¿Religiosa o secular? ¿Que los padres la habían mandado a campamentos donde se cantaba, o no, la Internacional? (¿qué leen Uds. en estas preguntas?)

Cuando me escuchó el digno acento inglés que me sale de la boca, me preguntó de dónde mierda soy.
- Ah, de Uruguay.
- ¿Ese en medio de América del Sur?
- No, el otro, el de la costa.
- Ah.
Y siguió en un extraño tono:
-¿Y por qué vos (o sea yo) no ves películas israelíes?
Buena pregunta, pero le aclaré que en realidad veo demasiadas películas israelíes, ya que mi amiga (que estaba en ese momento revoloteando por el escenario, preparando la organización de la charla) recibe un exceso de las tales que tratamos de revisar a ver si alguna vale la pena como para algunos de los festivales de cine de Chicago. Y le comuniqué que la mayoría de esas películas me pudrían, porque siempre los religiosos salían ganando. Pasara lo que pasara, los ortodoxos terminaban teniendo la razón.

Eso la enojó y me aclaró que en Israel no hay religiosos (lo dijo, juro que lo dijo), salvo los ortodoxos que dejan mal a todo el mundo (esto se lo creo), y que el problema es en que Israel “todas las películas son pornográficas” (??), por lo que los ortodoxos, que manejan todo el asunto del cine, no dejan que se vean en otros países. (Esta afirmación debiera ser confirmada por Sonia, ‘di farbrente sionitske’, que está leyendo esto ahora. En principio, esto no se lo creí).

A esa altura yo ya estaba realmente muerta de risa y por suerte empezó la charla y pude deshacerme de mi interlocutora, que antes de despedirse agregó “y yo sé de lo que hablo, porque soy profesora”. Le dije que yo también, pero ella agregó “¡de hebreo”! O sea que con eso ya sabemos que tiene que tener la razón en todo. Es la 3ª profesora de hebreo que conozco y todas tienen esa opinión de sí mismas. No hay manera de empardarles.

Cuando me da el tiempo y tengo ganas de pelear, aviso que hice mi tesis de maestría en fonología del maya yucateca, y eso hace que me miren como con asco. Precisamente para eso es que lo digo. Descoloca a todo el mundo (tanto como cuando digo que nos quedamos a vivir en los EEUU por los choclos).Y si acaso, agrego que después de eso trabajé solamente sobre castellano y sobre idish, para que no me sigan inflando.

En la charla de Freidl (que realmente resultó muy corta), entre otros detalles, me enteré que hubo 160 (sí, ciento sesenta) grupos distintos de judíos en los EEUU, todos con su propias siglas, sus escuelas, sus campamentos, sus canciones. Las siglas contenían palabras como ‘trabajadores’, ‘libertad’, ‘sindicatos’, etc, y solamente cambiaban el orden de las letras iniciales para aclarar que eran grupos diferentes.

No sé por qué me sorprendí, ya que en Uruguay había más de 12 (me acuerdo de las famosas guardias en los campamentos para cuidar que nadie nos robara la bandera verde del Zhitlovsky, cosa que de todos modos, a nadie se le ocurriría hacer) y también sabemos que por acá había más judíos, por lo tanto más opiniones distintas.

La bronca es que ahora, llenar un auditorio con unas 300 personas (incluso 4 o 5 relativamente jóvenes y sin obvio despliegue de enfermedades), es todo un triunfo. Mi amiga estaba furiosa diciendo que si en lugar de pertenecer cada uno a un templo distinto, se juntaran, se podría armar algún fandango cultural bastante interesante. Pero no, c/u va a su lugarcito.

Cuando se lo comenté a mi vecina (Kaganove), me preguntó si sabía el cuento del judío que se salvó de un naufragio. (Si Uds. lo saben, saltéenselo). Bueno, un judío se salvó y fue a parar a una isla desierta. Diez años más tarde lo encuentran, y él empieza a mostrar todo lo que hizo en esos años. Con piedras armó cuchillos, forjó metal, y logró hacer hasta cubiertos. Hermosa casa con piscina y todo. Parques. Caminos. Y al final dice que quiere mostrarles la sinagoga. Gran edificio, imponente, con todo lo necesario. Cuando ya se están yendo, ven que hay otro edificio al costado. ¿Y esto que és? – Ah-, dice el judío, - esa es la otra sinagoga, pero ahí no voy jamás.

No sé por qué esto me recuerda cierto comentario de Máximo, como que el Zhitlovsky no nos dio respuesta como judíos. ¿Qué respuesta quieren? ¿Qué quiere decir? ¿Que también tendríamos que saber la Internacional en hebreo?
Saludos a todos
elisa